Todo lo que la cáscara del huevo te dice
La prueba del vaso mide la edad del huevo, no si está en mal estado. De la cáscara porosa salen también la respuesta sobre lavarlos, sobre la heladera y sobre por qué el merengue no monta.

La cáscara del huevo es porosa, y casi todo lo que hay que saber sale de ese único hecho. Con el tiempo se evapora agua hacia afuera y entra aire: la cámara de aire del extremo romo crece, el huevo pierde densidad y termina flotando. Por eso la prueba del vaso mide la edad y no si está en mal estado — un huevo viejo puede estar perfecto y uno contaminado puede hundirse igual. Esa misma porosidad explica por qué no conviene lavarlos, por qué la heladera es una decisión de ida y por qué absorben olores.
La prueba del vaso: qué mide de verdad
Sumergí el huevo en un vaso con agua fría y mirá cómo se acomoda. Lo que estás midiendo es cuánto aire entró por los poros desde que lo pusieron, o sea la edad.
Flotar no significa podrido. Un huevo bien guardado envejece, flota y sigue siendo comestible. Y al revés: una contaminación por salmonela no genera gas suficiente para hacerlo flotar, así que un huevo peligroso puede hundirse sin avisar.
La versión popular —«flota, está podrido»— hace tirar huevos buenos y confiar en huevos malos. Es la peor combinación posible para una prueba.
No es un pasa o no pasa: es una escala
Acostado en el fondo: muy fresco, de pocos días. Es el que querés para pochar.
Inclinado, con el extremo romo hacia arriba: un par de semanas. Sirve para todo.
Parado en el fondo: viejo, pero en general todavía bueno. Es el mejor para huevo duro.
Flotando: bastante viejo. No lo tires: cascalo en un bol aparte y olelo.
El olfato es la prueba real
Si querés saber si un huevo está en mal estado, no hay atajo: hay que abrirlo. Un huevo podrido se anuncia con un olor sulfuroso inconfundible, que no deja lugar a dudas.
Por eso conviene cascarlo en un bol aparte antes de sumarlo a la preparación. Un solo huevo malo arruina la docena, la torta y la tarde, y cuando cayó adentro ya no hay vuelta atrás.
Por qué no conviene lavarlos
El huevo sale con una capa natural que le tapa los poros, la cutícula. Lavarlo con agua la saca, y a partir de ahí las bacterias de la superficie pueden entrar por donde antes no podían.
Por eso en la Unión Europea está prohibido lavar los huevos de venta al público, y en Estados Unidos, donde sí se lavan por norma, la contracara es que allá es obligatorio refrigerarlos. Son dos sistemas coherentes, cada uno con su regla.
Si te llega un huevo sucio, limpialo en seco: un papel, un trapo, o raspar suave. Es justo el huevo que más necesita conservar su cutícula.
Y si no queda otra que lavarlo, que el agua esté más caliente que el huevo — así el contenido se expande y empuja hacia afuera en vez de succionar hacia adentro — y usalo enseguida, sin devolverlo a la heladera.
Heladera o afuera
Depende de si están lavados, y por eso la respuesta cambia según el país. Con la cutícula intacta el huevo se conserva bien fuera de la heladera, que es como se venden en casi toda Europa y Sudamérica.
⚠️ Pero es una decisión de ida. Un huevo que estuvo frío y vuelve a temperatura ambiente se condensa por fuera, y esa película de agua arrastra bacterias hacia adentro por los poros. Si entró a la heladera, se queda.
Y por la misma porosidad: no los guardes al lado de cosas de olor fuerte. El huevo absorbe el ajo, la cebolla y el pescado a través de la cáscara, y después ese olor aparece en la tortilla.
Cascar: dónde y cómo
Sobre una superficie plana, no en el borde del bol. El borde empuja astillas de cáscara y lo que traiga por fuera hacia adentro del huevo; un golpe seco sobre la mesada abre una grieta limpia.
Y siempre en un recipiente aparte, por lo que decíamos: el que se casca directamente sobre la preparación es el que un día te arruina todo.
Separar las claras sin arruinar el merengue
Una gota de yema y el merengue no monta. La yema es grasa, y la grasa impide que las proteínas de la clara formen la red que atrapa el aire.
Por eso conviene separar cada clara en un bol chico y recién después sumarla al resto. Si la cuarta sale mal, perdés una clara y no cuatro.
Y evitá los boles de plástico: retienen una película grasa que no se va con el lavado y que alcanza para arruinar el batido. Metal o vidrio, bien secos.
La edad también juega: la clara del huevo fresco es densa y monta con más cuerpo, mientras que la del viejo es más líquida y sube más rápido pero se baja antes.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si un huevo está podrido?
Cascándolo en un bol aparte y oliéndolo. Un huevo en mal estado tiene un olor sulfuroso inconfundible. La prueba del vaso no sirve para esto: mide la edad, no el estado.
¿Un huevo que flota está malo?
No necesariamente. Flotar significa que entró bastante aire por los poros, o sea que es viejo. Un huevo viejo bien conservado puede estar perfectamente bien; cascalo aparte y olelo antes de decidir.
¿Hay que lavar los huevos antes de guardarlos?
No. El lavado saca la cutícula, la capa natural que tapa los poros, y a partir de ahí las bacterias pueden entrar. Si viene sucio, limpialo en seco. Si tenés que lavarlo, usá agua más caliente que el huevo y usalo enseguida.
¿Los huevos van en la heladera o afuera?
Si no están lavados, aguantan bien afuera. Pero una vez que entraron a la heladera se quedan ahí: al volver a temperatura ambiente se condensan y esa humedad arrastra bacterias hacia adentro.
¿Por qué no me monta el merengue?
Casi siempre por grasa: una gota de yema en las claras, o un bol de plástico con película grasa que el lavado no saca. Separá cada clara en un bol chico y usá metal o vidrio bien secos.